Hablar
de desamor es hablar de muchas cosas a la vez. De un amor no correspondido. De
un amor que se terminó. Del sentimiento de insuficiencia de una persona hacia sí
mismo.
El desamor, como lo dice claro, es no amar. No querer. No cuidar. Significa negación,
de una persona hacia otra. De una persona hacia sí misma. En fin, el desamor se
trata de alegrías que terminaron en dolor. De dolores, que terminaron en alegrías
también.
Y es cuando alguien te hace doler, sentís todo el desamor corriendo por tu
cuerpo. Subiendo y bajando, pero nunca deteniéndose. Te ahoga, te sosiega. Te llega
a envenenar de creencias erróneas, de sentimientos perdidos y encontrados.
Quedas vulnerable, y eso da pánico. El desamor te desarma, te vuelve tu peor
enemigo. Te lleva a dejar en manos de otro tu propia vida. Tu propio bienestar.
Pero tarde o temprano, pasa. Nunca se queda. No hay mal que dure 100 años.
No existe una pena eterna.
El desamor te conduce también a una pretensión de autovaloración. De autosuficiencia.
El desamor te lleva a entender que solo cuando cada uno de nosotros nos
queramos a nosotros mismos, solo en ese momento vamos a poder querer, amar y
creer en otro.
El desamor no es más que la reconstrucción del amor que se había derrumbado. Y
que corre los escombros, para poder
empezar de vuelta…
Por eso, cada vez que pierdas, date cuerda y volve a empezar.
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